Sesión de descontrol
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Este miércoles, nueva sesión de control parlamentario al Gobierno. Radios y televisiones conectan constantemente con el Hemiciclo Parlamentario, a la espera de algún acontecimiento político, de algún intercambio de información, de quizá una aproximación hacia el consenso en los temas clave de política exterior.
Nunca hay nada de eso: las descalificaciones son las mismas, los temas son ramplones y recurrentes y la calidad parlamentaria es casi nula.
Lamenté la ausencia de preguntas al presidente y a los responsables gubernamentales de la política exterior y la economía en relación con las muchas cosas que están pasando por el mundo y que están cambiando nuestra geopolítica; en cambio, le preguntaron a Yolanda Díaz si le merece la pena ser ministra. Creo que urge una reforma del reglamento de las Cámaras, sobre todo del Congreso, agilizando estas sesiones, facilitando la celebración de plenos monográficos y fomentando el intercambio de ideas más que el combate de improperios.
Y es que, mientras en Múnich, en París, en Arabia, se multiplican los encuentros que van a determinar el futuro de la humanidad, el debate político en España adquiere caracteres ridículos. Déjeme, si no, enumerarle en qué ha consistido la sustancia de la política en los últimos días: que si Koldo ha cambiado su caligrafía porque le han operado de un brazo; que si el ministro Torres estaba de viaje cuando el delincuente Aldaba le situaba en un "piso de señoritas"; que si el jefe de Gabinete de Isabel Díaz Ayuso dijo o no dijo no sé muy bien qué acerca de un programa de Jordi Evole; que si el Senado ha llamado a comparecer a la periodista que almorzaba con Mazón el día de la dana...
Y luego, todo eso, más los episodios del fiscal general, más los de la familia de Pedro Sánchez, se traslada al rifirrafe parlamentario de los miércoles. Como si la política exterior, ahora más que nunca, no precisase de un debate a fondo en busca del consenso que debería ser preceptivo; lo mismo, por cierto que la política de defensa, ahora que todos hablan de rearme y de dedicar astronómicas cifras presupuestarias a armamento*
Seguimos alegres, felices y confiados con nuestras pejigueras, ajenos a lo que de verdad importa. A que se están repartiendo el mundo gentes sin escrúpulos que no nos dejan ni participar como espectadores en el reparto. Ajenos a los desmanes que se cometen cada día contra la democracia, contra las reglas de juego y contra las leyes que rigen, mejor debo decir regían, el mundo. Y nosotros, que si Koldo ha cambiado su letra y que si fulano o mengano visitaron un piso de "señoritas". De veras. ¿Seguro que les votamos y les pagamos para esto?
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