La fachosfera

La fachosfera

Ayer el Presidente Sánchez bajó al barro. Barro mezclado con bilis. Lo que nunca debe hacer el presidente de una nación que se supone que representa a todos los ciudadanos, le hayan votado o no.

Y se dedicó a insultar a más de la mitad de los españoles, que no piensan como él. Y les descalificó con el ya manido insulto que utiliza la progresía más rancia de este país. Hoy en día creo que es un honor que el rojerío te llame facha: es señal de que no te pliegas a su nueva religión woke.

Pero a mi no me gusta que el presidente de mi país me insulte. Ni que me tome por tonto. Ni que ponga etiquetas a los que no piensan como él. Eso en teoría de la opinión pública se llama la opinión prefabricada, que no es otra cosa que conseguir, a base de repetir, colgarle el sanbenito a tu contrincante político para que se dé como cierto e indiscutible algo que te has sacado de la manga.

Si todos los que no piensan como Sánchez son el facherío, él representa al rojerío rancio basado en paradigmas muy superados por la experiencia. Él no es líder de un país, sino de un partido que aprieta el trasero para seguir en el poder. Y rehén de una minoría de indigentes intelectuales que se aprovechan de la debilidad de un megalómano para apuñalar por la espalda a millones de españoles.

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