El camarote de los Marx

La debilidad del Gobierno es evidente, con más de 20 fracasos en votaciones en el Congreso de los Diputados, influenciada por la situación en Cataluña. No hay candidato a la investidura y cualquier movimiento se retrasa hasta finales de agosto, lo que complica la presentación de leyes importantes como los Presupuestos Generales del Estado para 2025. Pedro Sánchez debe negociar cada decreto con sus socios para evitar fracasos en el Congreso, lo que ha llevado a que no se lleve al Consejo de Ministros nada que no esté consensuado previamente. Esta situación inédita permite que los socios de gobierno dicten las normas antes de ser aprobadas por los ministros, y los independentistas y otros grupos aprovechan para plantear medidas extremas. En un contexto donde la austeridad debería ser prioritaria, la Comisión Europea ha eximido a España del procedimiento de déficit excesivo, pero se exigirá mayor rigor. La situación económica es preocupante, con un posible aumento de impuestos y un crecimiento limitado, afectando a millones de ciudadanos que esperan medidas efectivas del gobierno.
La debilidad del Gobierno es un hecho. Ya van más de 20 fracasos en distintas votaciones en el Congreso de los Diputados. Es obvio que la situación de paralización que se vive en Cataluña tiene mucho que ver.
De momento, no hay candidato a la investidura y cualquier movimiento se retrasa hasta finales de agosto, plazo máximo para que no se tengan que repetir las elecciones. El problema es que hay leyes importantes, la más los Presupuestos Generales del Estado para 2025, que tendrían que presentarse según la Constitución a finales de septiembre. La situación es tal para que Pedro Sánchez mantenga en pie el Gobierno, que cada decreto, ley o proposición tiene que ser negociada con todos los grupos que le apoyan. Hasta aquí, nada que no hayamos visto. Lo enrevesado del momento ha llevado, según cuenta "El Confidencial Digital" que hay instrucciones para no llevar al Consejo de Ministros algo que no haya sido previamente consensuado con los socios para evitar que decaiga en el Congreso.
Es cierto que estamos viviendo situaciones sorprendentes e inéditas en nuestra democracia. Sin embargo, que los socios de gobierno e investidura en la práctica dicten las normas que se pueden aprobar o no antes de que las aprueben los ministros, para mi desde luego es una novedad. Es como tener un Consejo de Ministros de decenas de miembros, en el que cada uno de ellos dirija más ostensible si cabe la política española. Además, la debilidad de Pedro Sánchez es tan obvia que los independentistas, nacionalistas, filoetarras y comunistas están aprovechando la situación para plantear medidas absolutamente enloquecidas.
En un momento, además, en el que el Gobierno, como le han dicho la AIREF o el Banco de España, la austeridad en el gasto debería ser la máxima. Es cierto que, de momento, la Comisión Europea nos ha librado del procedimiento de déficit excesivo a pesar de no cumplir con el 3% de déficit, pero puede cambiar y este año se exigirá un mayor rigor. Difícilmente se podrá cumplir si se suman más funcionarios, se aumentan las trabas laborales a las empresas llevándolas al desastre, se le da a Cataluña dinero a espuertas, lo que aumenta la deuda, que después es déficit. Nos podrán freír a impuestos, y ya van 3 años de recaudación récord, pero el crecimiento será paupérrimo y ni las exportaciones nos salvarán. Un momento comprometido, que tiene una primera etapa en agosto y una segunda en otoño. Las dos con salida y llegada en Cataluña. Una vergüenza para los millones restantes de ciudadanos que esperan de su gobierno medidas que mejoren el paro, alivien su renta disponible y empresas que inviertan.